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viernes, 2 de septiembre de 2022

UN MUNDO OSCURO ESTEREOTIPADO

Por: Blanca Gonzales

(Foto: Construye T)
Incontable son las veces que he observado la figura de un hombre reduciendo a una mujer a la mera idea de ser inservible. Frases como “tiene que atender a su esposo”, “cocinar, lavar la ropa, dedicarse al cuidado de los churres, esa es su responsabilidad a partir de ahora”, “no puede estudiar, no puede trabajar, solo se tiene que dedicar al cuidado de su familia”, son el pan de cada día.

Aún recuerdo cuando niña mi padre, con el entrecejo fruncido y una mirada burlesca, miraba a mi madre de pies a cabeza y, sin necesidad de palabras, impregnaba en su cabeza la tonta imagen de sumisión, de inútil, de una mujer incapaz de subsistir por si sola sin la ayuda del hombre, de un pajarillo enjaulado sin oportunidad alguna de agitar sus alas y emprender vuelo hacia su destino.

Esa era la realidad de mi madre y, estoy segura, la vida de muchas mujeres hoy en día. Hablar de estereotipos es una lucha interminable de acabar con la aceptación a concepciones preconcebidas sobre el modelo de comportamiento que toda mujer debe seguir, un paradigma social discorde con la imagen de un país igualitario que no ve en la mujer la denominación de “sexo débil”, sino una guerrera que sobrevive a los estereotipos sin perder ni una pisca de su esencia.

Que imprudencia la de aquellos que siendo el resultado de nueve largos meses de espera y sufrimiento, señalen a una madre de irresponsable por salir a trabajar en busca de un mejor sustento para sus hijos, en vez de quedarse en casa a cuidarlos; y que ignorancia la de aquellas vecinas que se reúnen en casa de la recién casada para brindarle charlas de las atenciones que ha de dar a su marido para evitar el abandono.

Valla pérdida la que se llevan los jefes al disgregar a una mujer de los cargos directivos por su “insuficiencia de autoridad”. Situaciones como esta, a menudo, son la causa de infinitas inseguridades en la mujer y de injustos rechazos y exclusiones a oportunidades que mejoren su calidad de vida.

Las humillaciones y diversos estereotipos a los que son sometidas la mujer son evidencia de una sociedad atada a la idea de no reconocer ni eliminar tales estereotipos e incluso prejuicios porque prefieren vivir en lo establecido que levantarse, tomar valentía, y sumarse a la marcha contra la inferioridad, roles serviles, contra ese condicionamiento que no hace más que exacerbar un clima de impunidad en relación con las violaciones e irrespeto hacía los derechos de las mujeres.

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