Por: Blanca Gonzales
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(Foto: El Montonero) |
Llega la mañana, la gente empieza a levantarse y, como siempre, corren a recibir el instrumento que los pondrá al tanto de las cosas que pasan. Puede ser la radio, mientras se prepara el desayuno, o tal vez el televisor si nuestra acción solo recae en estar sentados. Los clásicos mañaneros que invitan al lector a sentarse mientras una taza de café caliente reposa sobre la mesa, esos son los periódicos. Lo cierto es que, sea cual sea el medio, la noticia siempre está presente en la vida de las personas.
Algunos autores mencionan que la noticia es una verdad provisional y concuerdo con ello. Desde mi perspectiva, la noticia es provisional en el sentido de que no es definitiva, aparece como la explicación rápida de un suceso, pero sin profundidad alguna por la misma brevedad que requiere. Eso sí, puede aceptar modificaciones. Y es por tal motivo que no se puede calificar a la noticia como una verdad absoluta.
Ciertamente la noticia es un texto que informa sobre un hecho actual, que se ha conocido recientemente y que es importante e interesante para un determinado público, pero ello va a estar condicionado por el valor noticioso que le proporcione la organización noticiosa. En este sentido, mientras una organización le pone énfasis a la crisis política que aqueja al Perú debido a las decisiones del presidente, la otra parte está hablando sobre los efectos de la inflación en la economía peruana.
La forma diferencial en que esto se da indica que los periódicos tienen una percepción distinta respecto a lo que es importante de acuerdo a su público objetivo, lo cual está bien siempre en cuando no altere la naturaleza de ser de una noticia, la veracidad. El problema aflora cuando dentro del enfoque de interés se toma la curiosidad morbosa de las personas para sacar algún provecho personal.
El efecto es preocupante, pues da pie a las noticias falsas y ello a su vez sumerge a la sociedad en un mundo desinformado, totalmente superpuesto de cortinas de humo que generan una concepción errónea de lo que realmente sucede en nuestro entorno, desviando la atención de lo importante.
Ahora bien, se podría decir que la noticia es totalmente subjetiva porque quien la escribe es un sujeto, pero el hecho de incluir elementos como la atemporalidad, el interés por un grupo específico y la importancia, hacen que vaya más allá que una simple nota que refleja las preferencias personales del periodista y sugieren que como noticias expongan sus sesgos fundamentales.
Uno de estos sesgos está vinculado con el hecho de que el periodismo hace énfasis a aquellos sucesos recientes, nuevos descubrimientos que surgen a raíz de lo que ya se sabía y, que por lo tanto sirven de material para una nueva noticia. Una cuestión que parece estar perfectamente balanceada, pero que se vuelve todo lo contrario al notar que, por ejemplo, en el reportaje no se toma en cuenta los antecedentes, una forma de dar a entender el porqué de los hechos, quitando de sí parte de la veracidad.
El segundo está relacionado con la información que interesa al público. En este contexto, el periodista prefiere difundir noticias negativas, desastrosas, dolorosas o trágicas, porque es lo que mueve la curiosidad de las personas y es lo que mayor alcance logra. A mi parecer esto es resultado de una práctica que la misma prensa ha implantado, una práctica que persigue la curiosidad humana para darle a la sociedad la información que quiere, pero que no deja espacio para las noticias buenas.
Por último, existe un sesgo ligado a la comunidad y hacia lo que ocurre cerca de él. No tiene nada que ver con la proximidad física, pero si con los asuntos internacionales que puedan interesar al público debido a lo que el segundo sesgo ya ha planteado, una cierta debilidad por conocer la desventura.
En términos generales la noticia es un recurso sustancial que proporciona información sobre el acontecer diario. Como tal, debe cumplir con los elementos ya mencionados para reflejar una realidad lo más veraz posible, aunque, para lograr ello también es necesario que dentro de la participación de los periodistas esté remarcado el papel de los principios y valores que deben seguir para mantener una relación apropiada con la verdad.
En tal sentido, partiremos de la precisión de las cosas menores, porque es una forma de saber si estamos preparados para abordar verdades mayores. Si cometemos errores constantes con los datos pequeños del informe de la realidad, lo más probable es que nuestra falla se encuentre en la forma de precisar y en el no aceptar los errores.
La objetividad es otro de los principios. Si nuestro propósito como periodistas es acercarnos a la verdad, hay que aprender a ser transparentes. No intervenir subjetivamente en la noticia ayudara a que las personas puedan plasmar en sus mentes la realidad como es. Hacerlo significa que estamos alterando la realidad y, por consiguiente, la veracidad de las noticias.
La neutralidad al igual que la imparcialidad son dos elementos infaltables en la labor del periodista. Esto debido a que los mantendrán firmes sin inclinación alguna o favoritismos, evitando imponer una ideología o asumir una actitud discorde a la realidad, sobre todo, ese sesgo de expresar abiertamente el punto de vista del reportero, que no hace más que manipular a las masas y maltratar la veracidad.
Un principio que quizás encierra todo lo anteriormente expuesto es, sin duda, la honestidad intelectual porque reúne todas las virtudes que hacen enlazarla con la disciplina de la verdad. Ser un periodista honesto intelectual significa presentar una información libre de comentarios personales o al menos capacidad para hacer justicia frente a las noticias malas.
Es indudable que la labor periodística es una tarea tan compleja como el redactar una nota. No se trata solo de difundir noticias, sino de seguir todo un proceso para proporcionar una noticia que importe a la sociedad y en donde se note claramente su relación con la verdad.